Un lidar de resonancia en Kühlungsborn, Alemania, detecta un aumento de 10 veces de los átomos de litio a 96 km de altura aproximadamente 20 horas después de la reentrada incontrolada de una etapa superior del Falcon9 de SpaceX, según se comenta en Communications earth&environment del grupo Springer Natura, en febrero de 2026.
Este aumento fue detectado por casualidad y se trata de la primera detección de contaminación por litio en la alta atmósfera. Las cantidades habituales de litio a esas alturas son ínfimas y el hecho de encontrar estos valores más elevados habría de ser un toque de atención, especialmente para el cambio climático. La detección de litio en las capas altas atmosféricas es una firma química de origen humano indiscutible.
Por ese punto de la atmósfera había reentrado de forma incontrolada sobre Europa, justo un año antes a la publicación del artículo, la etapa superior de un cohete SpaceX Falcon9. Normalmente se procura que estas reentradas se efectúen sobre el océano Pacífico, pero ésta se descontroló y los restos cayeron sobre Polonia, divididos en cuatro partes aterrizando cerca de la ciudad de Poznan sin causar daños.
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Esta primera detección da pie a la preocupación de que el tránsito espacial pueda contaminar la atmósfera superior, aunque aún no se entienda a fondo el cómo. Los continuos lanzamientos y reentradas de satélites pueden producir efectos acumulativos con implicaciones en la composición atmosférica a largo plazo, con posibles interacciones climáticas.
La desintegración de satélites u otros objetos liberan considerables cantidades de gases y partículas que permanecen largo tiempo en esas capas de la alta atmósfera antes de caer a Tierra de forma definitiva. Todos estos contaminantes contribuyen al cambio climático y, también, a la destrucción de la capa de ozono y llegan a formar nubes mesosféricas, que algunos científicos relacionan con el cambio climático.
Metales como aluminio (Al), cobre (Cu), litio (Li), titanio (Ti), niobio (Nb), molibdeno (Mo), plata (Ag), estaño (Sn), hafnio (Hf) y plomo se consideran trazadores eficaces de la contaminación por basura espacial. Todos estos elementos se utilizan habitualmente en componentes aeroespaciales, pero no suelen ser abundantes en meteoroides naturales.
Por contra, otros elementos com sodio (Na), magnesio (Mg), potasio (K), cromo (Cr), hierro (Fe) y níquel (Ni) pueden encontrarse en la atmósfera tanto por razones antropogénicas como meteóricas y, por tanto, no son útiles como indicadores de contaminación artificial.
Por este motivo se escogió el litio como metal objetivo para detectar firmas de basura espacial a causa de su mínima abundancia en meteoroides condríticos y por su aplicación, bien conocida, en baterías de iones de litio y revestimientos de cascos de cohetes hechos de aleaciones litio-aluminio.
Esta detección de litio en la alta atmósfera lleva a concluir que los países que envían cohetes al espacio exterior no vigilan suficientemente el problema de la basura espacial y su reentrada a la atmósfera, con su consecuente contaminación.
El Tratado sobre el Espacio Exterior promovido por las Naciones Unidas en 2002, en su artículo IX, indica que todos los Estados «procederán a su exploración de tal forma que no se produzca una contaminación nociva ni cambios desfavorables en el medio ambiente de la Tierra». También haría falta definir claramente hasta donde llegan las responsabilidades de los países, incluso ahora que las empresas privadas trabajan en este ámbito, o si han de ser éstas últimas las que se responsabilicen de que sus productos no contaminan. Queda claro que aún queda mucho trabajo legislativo por hacer. Las entidades políticas parece que siempre van detrás de la realidad en cuanto a la redacción de normativas. Esperemos que no sea necesaria una reacción urgente delante de algún acontecimiento negativo en este ámbito.
Publicat a la revista Astrum de l’AASabadell del maig de 2026, número 383

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